Estuche
El estuche La primera vez que abrí mi cuerpo encontré un estuche. No había órganos. Había compartimentos. En uno dormía una pluma negra. En otro, un botón sin camisa. Más al fondo, un diente de leche que nunca fue mío. Había una fotografía donde aparecía una niña con mi rostro, aunque yo nunca recordé haber usado ese vestido. Comprendí que el cuerpo era un museo de objetos perdidos. Entonces busqué la inocencia. No estaba. Encontré, en cambio, una etiqueta diminuta que decía: «Solo existe cuando alguien la recuerda.» La doblé y la guardé en el bolsillo. Después apareció la cordura. Venía impecablemente peinada, con un reloj que nunca se atrasaba. Se sentó frente a mí sin hacer preguntas. La locura llegó unos minutos después. Traía las rodillas raspadas, olía a lluvia y alimentaba un cuervo con migas de pan. Las dos bebieron del mismo vaso. Ninguna discutió. Fue entonces cuando entendí que jamás habían sido enemigas. Eran hermanas obligadas a vivir en habitaciones di...