los lugares, no lugares
En mi vida he tenido muchos sueños. A menudo la gente me ha dicho que no soy de este mundo: que mi forma de ser, de vestir, de mirar, no parece de aquí. Nunca saben explicar de dónde, ni exactamente qué, pero lo dicen. Y aunque suene extraño, durante mucho tiempo quise ser “normal”. Hubo una temporada en la que deseé conocer de cerca la filosofía hindú. Ir a la India nunca estuvo dentro de mis posibilidades —aún no sé si sigue siendo ese sueño—, pero sé que amo la filosofía védica. Cuando estuve más cerca de ella, cuando conviví con quienes la habitan, algo se acomodó en mí. Amo, además, su comida (difícil de encontrar en Puebla, por cierto), y cocino con muchas especias como si cada plato fuera un pequeño ritual. Kali es mi guardiana y mi guía. ¿A qué va toda esta reflexión? A que a veces depositamos los sueños en los lugares, cuando en realidad los sueños habitan en nosotros. Y que acercarnos a ellos a través de la cultura —aunque sea en otros contextos— también es una forma d...